La Bella Criosuspendida

© Gabriel Gambetta 1995

Año 985, reinado del Emperador Stinnum

Sol III

El Rey estaba preocupado. En el reino había problemas, y ya tenía suficiente edad como para caer (o que lo cayeran, más exactamente) en cualquier momento, y no había descendientes directos para sucederlo en el trono.

Un buen día (según el Rey, pudo ser mejor) la Reina apareció simplemente feliz.

– Oh, mi reina, ¿Qué os sucede?

– Me he hecho varios análisis, y he de decirte que…estoy embarazada.

El Rey se alegró mucho. Finalmente tendría el tan esperado sucesor.

– Si, querido Rey mío… – continuó la Reina – Tendremos…tendremos…

– Dilo, oh mi Reina…

– Tendremos una hija.

Al rey se le cayó el cigarrillo de la mano. Parpadeó estúpidamente un par de veces. La Reina se mostró sorprendida.

– ¿Por qué esa cara, ché? – dijo, olvidando su vocabulario habitual.

– Malditos estúpidos del departamento de Genética. Los voy a echar.

– Bueno, lo lamento – dijo la Reina.


Año 986, reinado del Emperador Stinnum

Bautismo de la princesa

Sol III

Todo estaba listo para la gran fiesta : la heredera iba a ser bautizada. La futura sucesora, flotando en su cuna de energía, se divertía con un sonajero que le habían regalado. Todos decían – y no por cumplido – que era hermosa.

La fiesta estaba casi completa. El mismísmo emperador envió al representante del representante del representante de su representante personal, lo cual representaba un enorme honor para el Rey y la Reina de Sol III, ya que en general el numero de representante–del’s era por lo menos de treinta y ocho.

Luego del banquete, las figuras principales, las hadas, se aprestaron a dar los presentes.

El título de hada era otorgado en las universidades de todo el imperio a aquellas chicas que tenían mejor rendimiento en su especialidad. Desgraciadamente, el imperio premiaba a las más inteligentes y no a las más lindas – ¡Y cómo se notaba en el banquete! La única hada presentable (y a medias) era el hada de la Imagen : experta en maquillaje. –

Como era tradicional, una a una le fueron haciendo regalos. El Hada de la Imagen le regaló un espejo; el Hada de la Gracia le obsequió un aparato que decía graciascada vez que alguien le daba algo a quien lo usaba. Sólo quedaba el regalo de el Hada de la Sabiduría cuando la computadora–portero modelo JAIME 98 se dejó oír.

Atención, Atención, Atención. Se anuncia la llegada de el señor/a BRUJA DEL TIEMPO. Por favor recibirlo/a en PUERTA PRINCIPAL.

La reina envió un par de androides a abrir la puerta. Ahí estaba la Bruja del Tiempo. Era tan fea que se decía que la cirugía plástica no le afectaba, y que sólo un transplante de cabeza podía ser efectivo en su caso. Parecía cierto.

– ¡Ahhhh,jajajajajaja! – dijo, con la voz más hermosa que se haya oído en Vega II1.

La bruja del tiempo era famosa por el dominio de la matemática probabilística; conocía las ecuaciones que predecían a grandes rasgos el futuro, y peor aún, podían modificarlo.

– ¡Atención! – dijo, dirigiendose a los presentes – Voy a alterar el curso del tiempo, y haré que la princesa muera el día que cumpla quince años…¡Ahhhh,jajajajajaja!

Caminó hacia una mesa, tomó una copa de vino y la volcó sobre el pelo del Rey de Tauro V. Luego se dió vuelta, y se dirigió hacia la puerta dando grandes zancadas.

La voz de JAIME quebró el silencio otra vez.

Atención, Atención, Atención. Se anuncia la partida de el señor/a BRUJA DEL TIEMPO. Por favor descontaminar PUERTA PRINCIPAL.

El Rey consultó a el Hada de la Sabiduría sobre lo que acababa de decir la bruja. Esta, luego de unos cálculos mentales, respondió.

– No sé tanto de probabilística como la Bruja, pero creo que dijo la verdad. Sin embargo, sé lo suficiente como para anular parcialmente el efecto.

El murmullo de los invitados subió de volumen. La voz del hada se hizo más dramática.

– Voy a alterar el curso del tiempo, para que en quince años la bella princesa no muera.

El murmullo de los invitados ahora se parecía al de un clásico de Aero–Ball.

El hada se acercó a el rey que tenía el vino en el pelo y vació un tarro de mostaza sobre su camisa. El curso del tiempo había sido revertido.


Año 1001, reinado del Emperador Stinnum

Fiesta de 15 de la princesa

Sol III

La princesa era realmente una pinturita. Su largo pelo rubio caía varios centímetros por debajo de sus hombros. Sus hermosos ojos azules miraban con expresión inocente – nada mas lejos de la realidad – a sus amigos y amigas, que estaban posando para la foto holográfica. Y el vestido, aunque lo intentara – ¿o no? – no lograba disimular nada.

Ella estaba parada en una punta de la habitación, mirando a la enorme torta con quince velitas atómicas, y su llamita tímida. Casi tenía vértigo por la altura esos zapatos de taco de energía que le habían regalado. Sus amigos estaban en frente. El holofotógrafo dijo :

– Cuando termine la canción, apagá las velitas.

El coro comenzó : Por ser una buena princesa, por ser una buena princesa, por ser una buena princesa,…. la vamos a festejar.

Y las velitas se apagaron… igual que las luces de todo el castillo, y practicamente de toda la ciudad.

– ¡M_____!–dijo el rey, sin tener en cuenta el protocolo y sin ver nada.

Se oyó un chasquido seco que resultó ser el cráneo de la princesa, ahora abierto, contra el piso. Los tacos de energía se habían apagado, ya que estaban conectados al suministro del palacio. La princesa estaba con sus bellísimos ojos azules abiertos, sin mirar nada, respirando débilmente.

Llamaron al Hada de la Sabiduría. Esta llegó a toda velocidad y le explicaron rápidamente la situación.

– Creo que en mi ecuación hace quince años la x pasaba dividiendo…Bueno, no importa. Ahora que la princesa está casi muerta, se la puede criogenizar.

– ¿Crioqué? – dijeron todos.

– Se trata de enfriarla de a poco hasta que sus funciones vitales disminuyan al mínimo para mantenerla con vida; sus tejidos rotos se irán regenerando a lo largo de los años.

– Y ¿cuándo podrá “despertar” de vuelta? – preguntó el Rey, pensando cuánto costaría la criosuspensión.

– Eehhh…–dijo el hada mientras calculaba – … como cien años.

Los invitados hicieron un silencio total.

La historia de la bella princesa durmiente se extendió a lo largo y ancho de la galaxia; todos los exploradores que se preciaran de serlo soñaban con encontrar a la famosa mina.


Año 1101, reinado del Emperador Frenys de Argaon III

A bordo del Buscador de Minas

Rumbo a un planeta abandonado, el tercero de la estrella Sol.

Cristófolo miró a través de el cristal de la nave ese planeta al que se iban acercando. Sol III era chico en comparación con otros planetas del sistema, como Sol V y VI. Sin embargo tenía su misterio : ¿Estaría allí la famosa mina? Cristófolo se lo preguntaba, mientras la imagen del planeta crecía y crecía al acercarse cada vez más. Fallar iba a ser un problema : la Emperatriz Ysaveel le había prestado el dinero para la expedición a aquel mundo abandonado, al que legendariamente se le llamaba “el nuevo mundo”.

La hermosa princesa, en el castillo abandonado, abrió los ojos. Casi por reflejo sopló, para apagar aquellas velitas de hacía cien años. La consciencia le fué volviendo de a poco, hasta que miró el calendario, momento en que la consciencia la golpeó con toda su fuerza.

¡Había estado durmiendo cien años! ¿Quizá muchos morrones en su dieta?

Se dió cuenta que aún tenía puesto aquel vestido que había estrenado a los quince años. Fué a verse en el espejo. Para tener ciento quince años, no estaba mal. Súbitamente recordó que hacía cien años que no comía. Abrió la heladera de un tirón, agarró un bocadillo (sin pensarlo, su mano pasó bien lejos de los morrones) y en ese momento sintió un ruido.

Las puertas estaban cerradas, JAIME no funcionaba, así que no pudo salir a ver. En cambio abrió la ventana.

Una enorme nave acababa de aterrizar. Se abrió una escotilla… y bajó el Príncipe Cristófolo. Al instante, la Princesa se enamoró de él. Corrió a limpiar la estufa a leña, una vieja tradición de las cortes del primer milenio de la Era Galáctica. En el apuro, cayó una cantidad considerable de ceniza en su rubio cabello. Iba a limpiarse, cuando sonó el timbre. Corrió a la puerta.

Cristófolo estaba con el corazón saliéndosele por la boca. Su ayudante, Pinxón, acababa de tocar el timbre.

– ¿Encontraré la mina? – se preguntó Cristófolo.

La puerta se deslizó suavemente.

La princesa miró como atontada al príncipe. El príncipe la miró como atontado a ella. Pinxón los miró como tonto sin comprender qué pasaba entre los dos.

– Oohhh – dijo el príncipe, absorto.

– Uuuhhh – dijo la princesa, deslumbrada.

– (glub) – dijo Cristófolo, sin poder creer lo que veía..

– (Wjdmxk) – dijo la princesa, creyendo que estaba soñando.

Luego de varios minutos de mirarse en silencio, la bella criosuspendida habló.

– Oooh, mi príncipe… – su expresión era algo muy claro.

– Ooh, princesa… – dijo éste – ¿No has visto una mina por aquí?

La princesa casi se desmayó. Sosteniéndose, habló.

– ¡Yo soy la única persona que vive en este planeta!

El príncipe casi se desmayó. Pinxón, sosteniéndolo, habló.

– Nosotros buscamos una mina de Pastlonio. Una excavación de minerales, ¿entendés?

Ahora la princesa se desmayó del todo.

La princesa estaba acostada, todavía desmayada, en el piso. El príncipe y Pinxón dialogaban a unos metros.

– …el linguista está seguro, mina antes quería decir chica hermosa, o algo por el estilo. En cien años el lenguaje cambia.

– ¿O sea que en este planeta no hay ni un átomo de Pastlonio?

– Exacto. Me temo que la mina a la que se refiere la leyenda es esa chica desmayada. Es linda. – agregó casi para sí mismo.

– ¿Eeh? Ah, si, linda… – dijo Cristófolo pensando en otra cosa. – Volvamos a Spannix.

– Bueno. ¿Y qué hacemos con la Bella Durmiente?

– ¿Quién? – preguntó el príncipe, pero comprendió.

La princesa venía caminando hacia ellos, aún tapada de cenizas.

– ¿No me van a dejar aquí, no?

– ¿Y para qué vamos a precisar otra princesa? – preguntó Cristófolo, pensando en sus catorce hermanas. Maldita ingeniería genética.

– Bueno, yo sé cocinar, limpiar, este….

– ¿Qué tal Patia?– intervino Pinxón.

– Ah,si – recordó Cristófolo – Mirá, tengo una amiga viuda con dos hijas. Podrías ser su sirvienta, y ellas te tratarían como a una hermana. Bueno – dijo haciendo una pausa – como a una hermanastra.

Ante la perspectiva de quedarse sola en Sol III, la bella durmiente aceptó de inmediato. Sin embargo, la princesa–limpiadora estaba intranquila.

– Bueno, ven con nosotros, cenicienta. – dijo Pinxón.

– ¿Quién es cenicienta? – preguntó Cristófolo.

– La princesa. Es que está tapada de cenizas.

La princesa seguía preocupada. La cenicienta….la madrastra…¿Dónde había oído todo eso antes?


  1. En Vega II habitan unos seres gelatinosos de cuatro patas, dos ojos y ningún oído.