A Escala

© Gabriel Gambetta 3/3/1997

1.1

Un Científico entró al Laboratorio. Estaba estudiando un Átomo, más concretamente la forma en que ciertas Partículas del mismo, al parecer muy inestables, tendían a desintegrarse sin motivo aparente. La mayor parte de su trabajo consistía en hacer deducciones; los Instrumentos que existían en la Actualidad apenas eran capaces de detectar estas pequeñísimas Partículas. Se asumía que tenían cierta Carga Eléctrica, forma esférica, etc. En resumen, podían detectarse, pero aún no se conocía exactamente su escencia, ya que era imposible estudiarlos directamente.

Así es que el Científico se sentó en su banco de trabajo y comenzó a leer las mediciones de sus Instrumentos.

2.1

Antonia lo sabía bien : si Juan tenía un defecto, era el de ser perezoso. Llevaban casi treinta años de casados, y siempre había sido igual. Ahora que Juan se aproximaba a la mitad de los cincuenta, era especialmente notorio. Había aprendido a convivir con eso.

Pero cuando Antonia llegó al líving, sintió que ya era el colmo.

Juan estaba plácidamente sentado, o mejor dicho, apoltronado en su sillón preferido. Era su sillón preferido porque estaba exactamente frente a la televisión, de donde rara vez se alejaba. En la mano izquierda, el control remoto; en la derecha, una cerveza. Para Antonia aquello no podía ser más desagradable.

Bueno, sí podía. Hacía pocos días, un ventarrón había sacudido los árboles del jardín. Las hojas marrones del invierno cubrieron el verde del pasto. Antonia había amontonado todas las hojas y las había colocado en una pila. Luego, había pedido a Juan que las prendiera fuego. Como hacía tiempo que sus hijos se habían casado y emigrado del hogar, éste no podía hacer otra cosa que ir y prender fuego las benditas hojas, sabiendo bien que Antonia tenía temor al fuego. Sin embargo, se había quedado viendo la maldita televisión. Y para colmo de males, había lloviznado hacía un par de horas, por lo que las hojas se habían humedecido y prenderlas fuego iba a ser aún más complicado.

Como luego de mucho insistir Juan no se movió, Antonia le quitó el control remoto y apagó la televisión. Su esposo, finalmente, se resignó a salir al jardin armado de un encendedor.

2.2

Juan se abrigó y salío al frío del invierno. Aunque su esposa lo veía como un atorrante, él se consideraba algo así como un estadista internacional. Conocía bastante de política, a fuerza de interminables sesiones de informativos de todas partes del mundo. Así se había enterado de la gran noticia antes que la mayor parte de sus conciudadanos. Ahora estaba en boca de todos; pero él lo consideraba como una especie de primicia personal.

Para que el o la lectora lo comprenda más fácilmente, es necesario dar un pantallazo de lo que ocurría a principos de 2047. El mundo era, otra vez, un mundo bipolar. Se habían creado dos bloques extremadamente poderosos y extremadamente hambrientos de poder, más concretamente del poder del otro bloque. Una nueva carrera espacial había acelerado la llegada del Hombre a Marte. Inevitablemente hubo otra carrera armamentista; precisamente, la gran noticia tenía que ver con éso.

Uno de los dos bloques había inventado un arma bastante potente. A tal punto que las viejas bombas nucleares que habían causado tanto revuelo el siglo pasado podían considerarse sonajeros, si a alguien se le ocurriera comparar. En aquel tiempo, se temía que toda la superficie de la tierra pudiera ser arrasada con uno de esos sonajeros. Hecho irrisorio, considerando que estas nuevas bombas podían perfectamente hacer explotar la Tierra : el Hombre había inventado un dispositivo capaz de alterar fácilmente el Sistema Solar.

El principal inconveniente es que si bien los dos bloques poseían este artefacto, lo que podía crear un equilibrio de poder, los líderes de ambos eran suficientemente suicidas como para usarlos, sin importar las consecuencias.

Es claro que Juan tenía excelentes motivos (o al menos, así los veía) para sentirse malhumorado porque su esposa lo hubiera arrancado del informativo. La información era una necesidad para él.

Se acercó a un montón de hojas cualquiera, del cual tomó una hoja cualquiera. Estaba húmeda. Acercó el encendedor e intentó conseguir una llama : sólo saltó una chispa que se apagó al tocar la hoja. Gruñó, y se dispuso pacientemente a intentarlo de nuevo.

3

Al Principio de los Tiempos, el Universo era liso y húmedo. La mayoría de la superficie habitable en él estaba cubierta de agua.

Muchísimos millones de ciclos más tarde, el descenso del nivel de los mares posibilitó la aparición de las primeras formas de vida. Eran seres extremadamente simples, pero millones de ciclos más tarde fueron evolucionando hasta ser criaturas más complejas.

Sólo se necesitó tiempo para que estos organismos siguieran evolucionando a tal punto que ya podrían clasificarse en varios tipos. Incluso, algunos de éstos lograron, a fuerza de millares de ciclos de evolución, convertirse en seres de superficie. Muy primitivos, pero superficiales al fin. Así es que la fauna y la flora de la superficie, al igual que la del agua, fueron haciéndose cada vez más ricas con el transcurso de los millones de ciclos.

Y sucedió lo inevitable : surgió la inteligencia. En esta región del Universo en particular, le tocó a cierta especie de seres de superficie.

Con el correr del tiempo aprendieron a valerse de sus miembros para construírse herramientas; lograron independizarse del medio ambiente construyendo refugios. Muy lentamente desarrollaron formas de comunicarse entre sí; aún más lentamente crearon ingeniosos métodos para registrar ideas y acontecimientos. El comienzo de la escritura significó, por definición, el fin de la Prehistoria.

Diversas eras se sucedieron, cada vez a mayor velocidad. El impactante avance del idioma y la escritura permitió el advenimiento de ciertos agrupamientos sociales, que llegaron a tener gran fuerza. Pero duraban sólo unos pocos cientos de ciclos. Sin embargo, las energías de esta especie no decaían : tras cada caída volvían a levantarse, pero con nuevas y mejores ideas. Así pasaron un par de miles de ciclos.

Pero la civilización progresó tanto técnicamente que llegaron a inventarse armas terribles. Capaces de la destrucción total. Había dos bandos rivales, dispuestos a casi cualquier cosa por destruír al otro. Casi. Porque se había creado tal equilibrio de poder y armamento que ninguno de los dos quería permitirse ser el primero en lanzar su ataque.

Y fué entonces que algo sucedió. Nunca pudo saberse exactamente qué. En una de las mayores concentraciones civiles - ciudades - se avistó una descomunal bola de fuego que se dirigía hacia ahí. El líder de ese bando consultó con el líder del otro, que negó toda responsabilidad. Pero de hecho la bola de fuego estaba ahí, así que el contraataque no se hizo esperar.

Efectivamente, el otro bando no había tenido nada que ver con el ataque original, así que vió el contraataque como un ataque, y lanzó lo que a su entender era un contraataque.

Como consecuencia de todo esto, la destrucción fue total. No quedó absolutamente nada, en el sentido más estricto; la potencia de las armas, y principalmente la de la bola de fuego de origen externo, fue tal que destruyó al Universo.

2.3

Juan estaba realmente sorprendido. La primera chispa del encendedor se había apagado porque la hoja estaba húmeda. La siguiente, apenas unas décimas de segundo mas tarde, desintegró la hoja, a pesar de que ni siquiera se había encendido la llama.

El asunto dejó de importarle poco tiempo después. Se dedicó, como era su costumbre, a mirar informativos.

2.4

Como se sabe, el ser humano es codicioso por naturaleza. Esto, combinado con el desequilibrio de determinadas figuras clave, hizo que las terribles armas fueran detonadas el 23 de diciembre de 2049. Ése fué el día en que la humanidad dejó de existir. Y no solo la humanidad, sino que como ya se había dicho, el propio planeta Tierra estalló, y sus restos se esparcieron por el sistema solar. Los más chicos pasaron a integrar el cinturón de asteroides. El fragmento mayor, del doble del tamaño de la luna, fué a chocar con Marte. La Luna hizo impacto con Júpiter. Luego de muchísimos millones de años, Marte y los restos de la Tierra ya no podían distinguirse por separado.

1.2

El Científico se sobresaltó por un brusco cambio en las cifras de sus Instrumentos. Excitado, comenzó una Simulación.

Una de las Partículas que giraban alrededor del Núcleo del Átomo se desintegró. Esta desintegración supuso cierta cantidad de energía liberada. Otra de las Partículas del Átomo aumentó su masa. En total, sólo quedaron ocho Partículas girando alrededor del Núcleo, pero la ahora tercera Partícula más cercana al Núcleo era algo más masiva.

Se sintió satisfecho. Tomó unas notas, y salió del Laboratorio.